Nacido en época de repoblación cristiana, en el siglo XIII y formado alrededor de un yacimiento de salinas. Este lugar, rico en yacimientos salinos fue siempre pretendido por los concejos y Señoríos como medio de riqueza en la economía ganadera del momento. Su topónimo hace clara referencia a la existencia de los citados manantiales salinos y a los pies de la villa y en el mismo fondo del valle surgía el agua salobre de un pozo artificial. Junto a él las albercas de escasa profundidad y de gran superficie en las que se evaporaba el agua y precipitaba la sal. Los musulmanes, durante su larga dominación, expertos en cultivos y extracción de minerales, supieron aprovechar los yacimientos salinos de este lugar. Su producción fue muy apreciada en los siglos XV y XVI como elemento que se añadía a la dieta de los abundantes ganados de la zona, principalmente de la oveja merina, tan reconocida y abundante en esta comarca. Fue, por tanto, uno de los primeros agostaderos de los rebaños de La Mesta. Desde el siglo XIV fundan el mayorazgo de Beteta en la persona de D. Álvaro Garccía de Albornoz, incluyendo en el mismo, todas sus aldeas, entre ellas Valsalobre.
En el año 1850 pasa a ser municipio independiente. En el siglo XIX, el uso y venta de la madera alcanza un importante desarrollo en todos los montes de nuestra Serranía. La madera de Beteta, Valsalobre y Valtablao, se embarcaba en el Guadiela, a partir de la hoz de Beteta, con pasos difíciles, dentro de nuestra comarca, como eran la hoz de Tragavivos y los Toriles. Así mismo sucedía con el aprovechamiento de los grandes encinares. Ahora, la escasa población que allí vive, dedica su esfuerzo a la producción agrícola y algunas familias al pastoreo. Su riqueza arquitectónica está inmersa en la iglesia dedicada a Santiago Apostol, como edificio sólido que se construyó en su periodo de mayor apogeo económico. |